Si observamos el paisaje de Asturias, vemos como éste se ha ido modelando poco a poco por el ser humano, que lo ha ido transformando desde tiempos ancestrales hasta nuestros días. Convivía con él, se adaptaba a él, se aprovechaba de él, siendo sus habitantes, sus construcciones, su uso y manejo, parte vital del mismo, creando así lo que podemos llamar el “paisaje cultural asturiano”.

La intensificación agroganadera y la urbanización poco estética y sin control, junto a la pérdida de conocimientos e identidad debido al desarraigo provocado por la despoblación, entre otras cuestiones, están poco a poco acabando con este espectacular paisaje rural burgalés, que es mucho más que una bonita estampa.

Horreos, molinos, mazos, batanes, fraguas, lavaderos y abrevaderos, llagares, colmenares… son sólo el reflejo actual de cientos de años de duro trabajo aprovechando los recursos naturales de forma sostenible y respetuosa, generando biodiversidad, conocimiento, cultura, arraigo, economía y vida.

Aún estamos a tiempo de preservar este ingente patrimonio (en gran parte en ruina o casi) y para ello, desde la Fundación Oxígeno, nos ponemos manos a la obra, motivando a decenas de personas voluntarias, vinculadas a cada pueblo y rincón, a echar una mano.

Este primer inventario comunitario, participativo y popular, tiene como objetivo la cultura tradicional apícola astur, las abejas, las colmenas, la miel y la arquitectura rural ligada a este oficio.

Gracias al Catastro del Marqués de la Ensenada, un gran censo de tipo económico realizado por orden de la Corona a mediados del siglo XVIII, podemos saber que el número de colmenas que poseen los apicultores asturianos es de 65.813. Si comparamos esa notable cantidad con la existente para el siglo XXI, con unas 25.000 a 30.000 colmenas y con una producción de unas 500-600 toneladas por año (aproximadamente), vemos como se ha producido un retroceso considerable de su producción en Asturias.

En aquel entonces, y llegando hasta nuestros días, el manejo que se hacía de las abejas era muy sencillo, se capturaban los enjambres salvajes en primavera, se metían en un tronco hueco con tapa y se esperaba a recolectar la miel, realizando también labores de reparación de los dujos, de siega de la zona de entrada de las abejas, etc.  

Su importancia cultural, económica y polinizadora era enorme, ya que las abejas eran capaces de producir miel y cera, dos materias primas muy apreciadas para la sociedad de aquellos momentos, ya que las velas de cera eran fuente de luz nocturna, y los cirios o exvotos servían de ofrenda religiosa; siendo la miel alimento, endulzante, y medicamento para combatir problemas respiratorios, quemaduras y heridas.

Por todo ello, era muy frecuente que muchas familias tuviesen varios “pies de colmenas”, bien dentro de la propia vivienda, bien en el campo o en huertas, bien en pequeñas edificaciones construidas para tal fin, los llamadas Cortinos en algunos pueblos. Verdaderas estaciones polinizadoras esenciales para mantener la biodiversidad.

Y esto es lo que vamos a hacer entre todas las personas enamoradas de nuestros pueblos, de la cultura tradicional, de la naturaleza, vamos a trabajar voluntariamente por el bien común, por nuestra tierra, promoviendo la ciencia ciudadana y elaborando entre tod@s el primer INVENTARIO POPULAR SOBRE LA ARQUITECTURA TRADICIONAL APÍCOLA PARA LA BIODIVERSIDAD, EN ASTURIAS.

Comarca de Nora, Montaña Central, Cabo Peñas, Valle del Nalón, Oriente

… pasea, observa, toma nota, envíanos los datos que recojas… ¡ah! y disfruta mucho.

¡¡YO SÍ PARTICIPO!!

ABEJAS = Paisaje Natural + Patrimonio Cultural